Ya se ha iniciado la temporada de premios y estas semanas veremos entrevistas, galas, fiestas y discursos de agradecimiento. Se respira ese clima de felicidad, esa atmósfera de disfrute del trabajo bien hecho, y puede suceder que todo esto alimente una especie de imaginario colectivo en el que parece que las personas que trabajamos en audiovisual estamos siempre rodeadas de actores y actrices famosas, de gente influyente, en localizaciones idílicas, celebrando en festivales y fiestas, contando historias que nos fascinan e inspiran y vistiéndonos de etiqueta para ir a galas y recoger premios.
Y no es mentira, pero para nada es la realidad. Bajo las alfombras rojas, y sin tener que escarbar mucho, nos encontramos con una estampa bien distinta. La precariedad en nuestro sector es aplastante. La gran mayoría de técnicos y artistas tienen serias dificultades para sostenerse en una industria tan despiadada. Trabajos temporales, discontinuos y con remuneraciones que no aseguran un sustento estable. En 2024, un estudio sociolaboral de AISGE (Actores e Intérpretes) encontró que el 77 % de los artistas en España ingresa menos de 12 000 € al año, que un 72 % está por debajo de la línea de pobreza y sólo el 7% supera los 30 000€ anuales.
Mientras, la IA entra con fuerza y se acomoda en todas las áreas con un efecto dual clarísimo. Algunas herramientas van a democratizar el sector en gran medida, pero a su vez, pueden provocar una clara exclusión de profesionales: actores creados digitalmente que nunca pisan un set, guiones completos generados con un prompt, storyboards y edición de video automáticos, voces y doblajes sintéticos que sustituyen locutores, música y efectos de sonido compuestos por algoritmos o escenarios y fondos creados enteramente por IA.
¿Conseguiremos adaptar nuestros oficios a este nuevo panorama? ¿Qué valor tiene lo humano en un mundo que avanza tecnológicamente a la velocidad de la luz? ¿Es la IA la versión moderna del fenómeno que desataron los hermanos Lumière a finales del siglo XIX? Está claro que vivimos un cambio importante a todos los niveles. Lo que tenemos que ver ahora es cómo surfeamos esta ola sin que la corriente nos arrastre a las profundidades de un océano de bots, modelos generativos y deepfakes.
Soñamos con ser capaces de utilizar la IA como la maravillosa herramienta que es (la imagen de de este post está hecha con IA generativa), pero sin que eso implique que sea la IA quien cuente nuestras historias, ni les ponga voz ni rostro, ni decida nuestras narrativas. Soñamos con un mundo en que lo humano siga siendo fundamental, y la humanidad un motor para crear, cuidar y construir un futuro sostenible para todes.



